Bastoncillos de algodón, enemigos de los oídos

Cada vez estamos más informados del mal procedimiento que se emplea a la hora de lavarse los oídos. Durante décadas el humano se ha limpiado la cera creada en el conducto auditivo externo con los llamados “bastoncillos”, convirtiéndolo en una acción cotidiana, pero el que se haya hecho no quiere decir que haya estado bien hecho.

Para empezar, esta cera que tratamos de retirar de los oídos tiene una función esencial para nuestra salud auditiva, proteger. Forma parte de las defensas naturales del cuerpo y garantiza que los oídos no padezcan infecciones. Esto sucede porque evita la entrada de polvo y otros restos de suciedad en el tímpano. A su mismo tiempo actúa como lubricante y antibacteriano.

Además, con estos bastoncillos solo conseguimos empujar la cera hacia adentro impidiendo que esta ejerza su función protectora y pudiendo dañar el tímpano y otras estructuras del oído. Investigadores del Hospital Henry Ford, en Estados Unidos, han constatado una relación directa entre el uso de los bastoncillos de algodón y la rotura del tímpano, que requeriría intervención quirúrgica. Si se bloqueara la cera en la parte interna, como se ha explicado, podríamos bloquear el canal del oído y aumentar el riesgo de pérdida de audición.

Generalmente la cera no tiende a acumularse, se elimina de forma natural por los movimientos de mandíbula o el crecimiento de las células nuevas de la piel.

La alternativa a la limpieza de los oídos a base de bastoncillos son los combinados de agua oxigenada y un conjunto de agentes estabilizantes, como puede serlo Oti Faes.