¿Cómo se limpian los oídos?

En varias ocasiones hemos mencionado lo perjudicial que puede llegar a ser lavar nuestros oídos con los comunes bastoncillos de algodón. Pero, ¿cómo me limpio entonces los oídos?

Para empezar hay que dejar claro que el cerumen de los oídos es una secreción natural y que la limpieza de este no hay que tomárselo como un juego. Esta sustancia ayuda a nuestros oídos a mantenerse saludables y limpios. Si, limpios. Resulta que repele el agua y el oído de la suciedad, lo que ayuda a detener las infecciones. Además evita que las líneas que recubren los canales auditivos se agrieten o sequen,.

Y ahora, sigamos. Gabriel Weston, cirujana otorrinolaringológica británica, investigó las mejores y peores formas de limpiarse los oídos y deja claro que nuestros canales auditivos, generalmente, se limpian solos.

¿Te ha sorprendido? Cuando hablamos, masticamos o simplemente movemos la mandíbula, la cera se mueve desde el tímpano hasta el orificio del oído. Ahí se seca y cae, y terminaría el proceso de limpieza. El cerumen, por tanto, sólo causa problemas cuando se produce en exceso.

El cerumen tiene la responsabilidad de retener la piel vieja del conducto auditivo externo. Es decir, mientras que el resto del cuerpo eliminan las escamas de piel de forma natural (con el roce de la toalla, de la ropa, con agua…) las escamas del oído son atrapadas y retenidas por el cerumen. Esto se mezcla con la queratina (que es el componente mayoritario en las escamas de piel) y así aumenta el número de sus elementos.

¿Te lavarás ahora los oídos con mayor cuidado? Eso que puede parecernos antiestético o desagradable es lo que hace que nuestros sistema auditivo esté sano.